El dueño de un bar detiene una pelea de novios, invita a la chica a entrar y la degolla

sucesos

Operarios de la funeraria sacan el cadáver de la mujer aparecida muerta en el bar Acua de la plaza Pepe Ubis. HOrizontal.

No había nadie a las 15.30 de este martes en la avenida Mistral de Barcelona, cerca de la plaza de España y de la avenida del Paralelo, repleta de terrazas, cuando se produjo una tragedia sin explicación racional alguna. Apenas quedaban algunos comercios medio abiertos cuando pasaron dos jóvenes, una chica de 17 y su novio de 20, un poco a la gresca. Iban discutiendo.

Llevaban un buen rato enzarzados cuando llegaron a la altura del número 69 de esa misma calle. Farid A., 32 años, el gerente de una cafetería situada en ese emplazamiento, les vio, y optó por sofocar la pelea. Esa parecía, inicialmente, su intención.

Farid le dijo a la joven que entrase en el local. El nombre del lugar es sencillo: Bar 69. Los agentes todavía no han alcanzado una explicación lógica a lo que sucedió allí dentro, después de que ella accediese al interior de su negocio, tras la discusión con su pareja. Una vez la tuvo dentro del estrecho recinto, su parcela de trabajo desde apenas un par de meses atrás, la degolló. 

El novio trató de entrar detrás de ella, pero no pudo acceder al local porque la puerta estaba cerrada por dentro. Contó más tarde a los vecinos y a los agentes que había escuchado los gritos de la mujer. La puerta se abrió poco después, y Farid, el presunto asesino surgió del interior del local manchado de sangre. Llevaba de la mano una bicicleta. Se subió en ella y huyó de allí.

El chico se metió dentro y vio allí a su novia, que estaba en mitad de la sala, sin vida, en el centro de un charco de sangre y con un profundo corte en el cuello, seguramente producto de una herida por arma blanca.

Se trata de uno de los crímenes más desconcertantes de los últimos tiempos. Farid no conocía de nada a la pareja. Ninguno de los dos, ni la víctima ni su novio, habían entrado nunca en aquel lugar. Las investigaciones de los agentes apuntan a que el crimen surgió después de ese encuentro casual.

La calle era un lugar apacible a esas horas del día, y los comercios aledaños pronto se enteraron de lo ocurrido ante los gritos de alerta de la pareja de la víctima. En la peluquería que hay al lado, por ejemplo, así como en el local contiguo, en el que se encuentra una carnicería de barrio, pronto advirtieron los gritos del novio. La Guardia Urbana y los Mossos d’Esquadra no tardaron en aparecer.

Un comportamiento extraño

Los agentes de los Mossos, frente al lugar de los hechos.

Los agentes de los Mossos, frente al lugar de los hechos.Efe

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En los últimos días, los que precedieron al crimen, el comportamiento de Farid les estaba resultando de lo más extraño a sus vecinos de negocio. Tampoco es que tuvieran una gran relación con él: al fin y al cabo, apenas llevaba 60 días abierto en el local. Aseguran que, hasta el momento, se había mostrado siempre correcto con ellos, también amable.

Sin embargo, testigos presenciales como la dueña de la propia charcutería que comparte el número con el local del presunto asesino, afirman a EL ESPAÑOL que llevaba desde el jueves anterior abriendo y cerrando el negocio a deshora, sin ton ni son y sin recibir a nadie. “De hecho -relata la charcutera- la única camarera que había contratado nos dijo que ya estaba pensando colocar el local y que no fuera a trabajar más”.

El relato que les hizo la camarera dibujaba un tipo últimamente nervioso, sin apetito y demacrado. Todos estos detalles estarán sobre la mesa de los investigadores de los Mossos D’Esquadra. Todo indicio les resultará crucial para tratar de hallar el móvil de un suceso tan trágico como incomprensible.

Un hostelero asentado en Barcelona

EL ESPAÑOL ha logrado hablar con parte del entorno de Farid A., que se ha mostrado sorprendido al conocer la noticia. Nadie se lo esperaba. Aunque de origen marroquí, Farid llegó a Barcelona hace aproximadamente 15 o 20 años. Lo demostraba al hablar catalán con fluidez. Se desenvolvía perfectamente en ese idioma.

En la ciudad condal vivía con su mujer, María, y se había estado dedicando a distintos negocios siempre en el marco de la hostelería. Con los negocios, fue amasando distintas propiedades y tenía algunos pisos que alquilaba a extranjeros en la plataforma de Airbnb.

“Yo le alquilé el local en septiembre del año pasado”, comenta en conversación con este diario el propietario del local donde Farid montó su Bar ’69’. El casero supo de la noticia cuando Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana le llamaron para decirle que había un cadáver en su local. No le dieron más explicaciones. Luego, por las noticias, ya se enteró de todo lo que rodea a este extraño suceso.

“Siempre me ha pagado puntualmente y siempre se ha mostrado como una persona amable y normal”, comenta el propietario. “Pero sí que me han dicho algunas vecinas que últimamente, desde el pasado jueves, no respetaba los horarios comerciales”, añade. Como comentaban más arriba los responsables de los otros establecimientos, Farid abría a altas horas de la madrugada o en otros momentos pero sin seguir ningún tipo de orden lógico. “Pero sí que se le veía por ahí, yo le vi la semana pasada y otra persona lo vio ayer por la mañana”, comenta.

Poco después de su huida, los agentes emprendieron la caza por la ciudad. Una pareja de la Guardia Urbana le localizó poco después en la calle Hospital de Ciutat Vella. El hombre iba cubierto de sangre. Era él. Le detuvierron al punto, y está ya acusado del crimen. Pasó la noche en la comisaría de Les Corts.

Diego Rodríguez Veiga  Brais Cedeira

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