Guardias civiles relatan cómo “sufrieron” la “trampa del Fairy”

juicio a los presos políticos

Un guardia civil que recibió una patada en la cabeza el 1-O en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona) mientras estaba en el suelo afirma que había resbalado “porque presuntamente habían puesto Fairy en el suelo”. “Me caí como un saco, patiné y me caí para atrás”, explica, e inmediatamente después recibió “una patada fuerte” de un hombre que fue detenido. El guardia sufrió lesiones leves en las cervicales a consecuencia de la patada. Lo cuenta Oriol Solé.

Por otro lado, el jefe del dispositivo en Sant Carles de la Ràpita (Tarragona) afirma que los votantes les golpearon y recibieron con gritos de “maricones”, “hijos de puta”, “fascistas” y “fuera las fuerzas de ocupación”. También afirma que un concentrado les dijo que eran los “culpables” de los atentados de Barcelona y Cambrils.

El mismo jefe, a preguntas de Andreu Van den Eynde, niega que en la salida del municipio sus unidades intentaran atropellar a los concentrados. “Dar un golpe de volante es una medida de evasión para salir de la localidad, no tratar de atropellarle”, señala.

Dos guardias civiles declararon ante el tribunal del ‘procés’ este jueves cómo fueron víctimas de lo que el exdelegado del Gobierno Enric Millo denominó la “trampa del Fairy”. Fue en Sant Esteve de Sesrovires. Uno de los agentes explicó cómo resbaló y “cayó como un saco” por “la sustancia deslizante” que habían echado en la calzada y “un chico, vino por detrás,” y le “dio una patada en la cabeza”, lo que le impedió cumplir con su objetivo de intentar quitar las urnas.

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El teniente que le precedió en estrados destacó que al llegar a esa localidad se percataron de que la gente parecía estar observándoles y esperándoles hasta el punto de que unos mossos les advirtieron de que les estaban esperando, que tuvieran cuidado y que ellos no les podían esperar.

Según los agentes, en esa localidad se produjeron tres arrestos: el del joven que propinó la patada, el de otro que dio otra a uno de los agentes que trataba de arrestarle y a un tercero que intentó atropellarles. Previamente alguno de sus compañeros había relatado cómo les intentaron quitar el arma reglamentaria.

Cuando llegó su turno, la defensa ya empezaba a mostrar síntomas de cansancio. No en vano durante la jornada comparecieron un total de 14 guardias civiles que el 1-O había actuado en una docena de localidades reproduciendo insultos como “hijos de puta”, “maricones”, “fuerzas de ocupación” y hasta “sois culpables de los atentados de agosto”. Quizá por eso, la defensa prácticamente se limitó a preguntarles si ese día había llovido, lo que podría justificar el haber resbalado, pero ese extremo fue negado por el testigo.

Cambiar de testigo

Previamente el presidente del tribunal, Manuel Marchena, había llamado la atención al letrado Jordi Pina, abogado de Jordi Sànchez, Jordi Turull y Josep Rull, por su insistencia a la hora de preguntar a partir de los vídeos aportados en la causa. “Señor Pina, lo que podemos hacer es que testifique usted” en vez del testigo, le dijo Marchena, que cuando el letrado trató de replicar, añadió: “No dé explicaciones porque a lo mejor agrava su actitud”.

Fue mientras se interrogaba al guardia civil encargado del dispositivo que actuaba en Sant Martí de Sesgueioles, pese a que este no tuvo problemas en reconocer que una vez terminada la actuación y ya en el vehículo policial comentó con sus compañeros: “Metía la porra para adentro como si no hubiera un mañana”. El testigo añadió que no tenía constancia de que alguien hubiera resultado herido en las costillas.

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