José Luis Ábalos:” En el PSOE no estamos por promover la tauromaquia pero tampoco por prohibirla”

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El cabeza de lista al Congreso de los Diputados por Valencia no es una figura cualquiera en el PSOE. Ministro de Fomento, secretario de Organización y hombre de confianza de Pedro Sánchez, el valenciano José Luis Ábalos es una de las voces más autorizadas de la campaña socialista.

Procedente de un acto en un hotel cercano convocado por un foro de opinión, Ábalos recala un rato para responder a las preguntas de eldiario.es en un local de la playa, en Valencia, de nombre Vivir sin dormir, muy apropiado para describir la apretada agenda de alguien que tiene la sensación de llevar varios años inmerso en una campaña continua (las primarias que Sánchez ganó y aquellas en las que resucitó tras su dimisión, además de dos elecciones generales, tienen que ver con ello).

La campaña compienza con encuestas que dan la victoria al PSOE y apuntan que las tres formaciones de derecha no podrían sumar una mayoría alternativa. Desde su partido se alerta contra la euforia, pero sería peor empezar con encuestas que dijesen otra cosa…

Lo importante son los resultados de la urnas, no lo que digan las encuestas. Muchísimas veces hemos visto cómo las encuestas se desmienten, en un sentido u otro. Lo único que podemos concluir de las encuestas es que somos la primera fuerza política con mucha diferencia respecto de la segunda, y que lógicamente un escenario de gobernabilidad debería pasar por el Partido Socialista. Pero también es cierto que hay una amenaza frente a ello, la coalición de las tres derechas proclamada por las tres como objetivo para hacerse con el Gobierno de España frente al PSOE. Esa es una posibilidad cierta que solamente puede ser desmentida en las urnas. Por otra parte, nuestro objetivo electoral no es ser la primera fuerza política sino tener la mayoría suficiente que nos permita desarrollar el proyecto político que no hemos podido desarrollar en su plenitud por las limitaciones que teníamos. Aspiramos a tener un Gobierno socialista con plena autonomía, como corresponde a nuestro proyecto y como hace falta para atender desafíos de la envergadura de los que tenemos planteados.

Descartadas las mayorías absolutas, es clave la cuestión de los apoyos de otros grupos. Al ser preguntado, usted no ha cerrado la puerta al apoyo de Ciudadanos.

Me preguntaron por la investidura. Nunca me plantearon al hacerme la pregunta ningún pacto, ninguna negociación, ni acuerdo. Rivera fue el primero que se lo creyó y rápidamente pidió matrimonio a Casado a consecuencia de esas declaraciones. La pregunta era muy clara: si preferimos que nos apoyen los independentistas o Ciudadanos. Obviamente, puestos a recibir un apoyo tan desinteresado, preferiríamos a Ciudadanos. Así no tendríamos que explicar qué pacto secreto tenemos con los independentistas. Esa ha sido la matraca a la que se nos ha sometido estos diez meses, hablando de supuestos pactos, socios y demás cuestiones que la realidad ha dejado en evidencia y ha quedado claro que se trataba solo de propaganda de la derecha.

La propuesta de la derecha, y de Ciudadanos en particular, es una recentralización del Estado que no parece compatible con la propuesta federal del PSOE.

Ni siquiera es compatible con la postura que en su día mantuvieron. La evolución de Ciudadanos es muy incoherente. Ha tenido una deriva muy inquietante, que lo ha situado fuera de la novedad que en un principio supuso: una formación socialdemócrata que hizo una renuncia expresa para reconvertirse al liberalismo y ahora mismo es una excepcionalidad en ese ámbito por su connivencia con la ultraderecha. No tiene complejo alguno en acabar gobernando con la ultraderecha o en llegar a acuerdos políticos con ella.

Lo que sí que he advertido es que una posición de negación del autogobierno en Catalunya, con un 155 permanente -que, por cierto, es inconstitucional-, lo que está planteando es la visión de la derecha sobre las comunidades autónomas. Ahí hay un peligro de involución en cuanto a ordenamiento territorial.

¿Hasta qué punto comparte la postura de la organización socialista de la que forma parte y por la que concurre, la valenciana? Su secretario general, Ximo Puig, ha manifestado reiteradamente su defensa de un modelo federal, de la reforma de la Constitución en ese sentido y su oposición a cualquier recentralización.

El secretario general del PSPV-PSOE y presidente de la Generalitat Valenciana ha respaldado siempre la actitud del Gobierno de España de defender el diálogo en Catalunya, recomponer la convivencia democrática, procurar el respeto a la legalidad y apostar por más autogobierno frente a los proyectos independentistas. Siempre hemos dicho que frente a la independencia, autogobierno. La derecha dice que ni independencia, ni autogobierno.

Entre las propuestas de Ciudadanos, a veces hay algunas cosas curiosas. Albert Rivera decía el otro día que está contra el bou embolat y el Toro de la Vega. ¿Qué posición tiene el PSOE sobre los toros? ¿Dónde se sitúa?

Nosotros hemos mantenido una posición de respeto hacia la afición, hacia los gustos. Lo hemos dejado siempre en el terreno de las decisiones personales, más allá de una circunstancia como la del Toro de la Vega, en el que hay un maltrato que supera el que justifican las costumbres. Si se refiere a la tauromaquia, no estamos por prohibir ni estamos por promover. Estamos por dejar que forme parte de la afición. Dentro del partido y del socialismo hay taurinos y antitaurinos.

¿Por qué no se ha exportado el modelo valenciano del Pacto del Botánico, de gobierno compartido de varios partidos? ¿Se hará en el futuro inmediato? ¿Qué significa para usted ese pacto?

El Pacto del Botánico fue una alianza de los progresistas para poner fin a un periodo de hegemonía del PP que arruinó la Comunidad Valenciana y llegó a unos niveles de corrupción insoportables. Si bien se justificaba en la necesidad de establecer políticas redistributivas, inspiradas en la justicia social, respondía también a una exigencia democrática de limpiar la corrupción de nuestra comunidad y superar un problema reputacional que ya nos estaba afectando demasiado. La ventaja fue que la suma de esas formaciones políticas [PSPV, Compromís y Podemos] hacía posible el pacto, cosa que no era tan clara a nivel nacional, por más que se intentó. Tampoco se encontró la misma actitud a nivel nacional que se encontró aquí.

¿Se refiere al fracaso del primer intento de investidura de Pedro Sánchez?

Así es. De aquella investidura fracasada devino todo lo demás, y nuestra propia crisis de partido.

¿Ha llegado el momento de intentarlo otra vez?

Las circunstancias son otras. Ahora hay un Gobierno socialista, no un Gobierno de la derecha al que exigirle que luche contra la corrupción, que ponga en marcha programas que restituyan derechos perdidos durante la crisis, que aproveche el periodo de crecimiento para redistribuir. Ahora ya no es necesario eso. Ahora es necesario consolidar un proyecto que surge precisamente de la lucha contra la corrupción, que intenta restablecer derechos, hacer justicia con los sectores más desfavorecidos, los que perdieron en la crisis, y que además asume con responsabilidad los desafíos que tiene este país y que tienen que ver con la industrialización, con la investigación, la educación, el retorno del talento o el cambio climático, con una transición energética justa, con el envejecimiento de la población o con la despoblación en buena parte de España.

Son desafíos de medio plazo que un Gobierno tiene que asumir y que hasta ahora el PP no había asumido, dentro de su visión cortoplacista. Nosotros hemos trabajado en una doble dirección. De una parte, atender las urgencias sociales. De otra, ir planteando respuestas a esos desafíos de medio plazo.

Un gran desafío es el modelo territorial. En ese ámbito, en la Comunidad Valenciana urge resolver el problema de la financiación autonómica. ¿Es posible abordarlo?

No sé si es posible, pero es necesario. Entra de lleno dentro del debate de la organización territorial. Lo llevamos en las 110 medidas. Cuando el presidente del Gobierno advirtió de que no iba a ser posible resolverlo en estos meses, se generó una alarma, también interesada, en algunos. Visto lo visto, al comprobar que las previsiones que teníamos de cómo iba a ser la obstrucción de la derecha nos han superado, es evidente que con esa obstrucción es imposible llegar a un acuerdo de nada. Lo hemos visto hasta en los temas más mínimos. Incluso en acuerdos que tenían que ver con las consecuencias de su propia gestión. Por ejemplo, propongo en el Congreso que nos prorroguen la gestión de las autopistas que ellos rescataron y nos votan en contra. ¿Qué capacidad hay de pacto, por tanto? Muy limitada. Pero su dificultad no obsta para que sea una necesidad. El modelo ya venció hace tiempo…

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Y hay comunidades, como la valenciana, que no son viables sin una financiación más justa.

Obviamente. Y lo hemos intentado compensar en parte con las inversiones en los Presupuestos Generales del Estado, que era también un gesto de reconocimiento a la legalidad estatutaria valenciana. Más allá del incremento en la inversiones destinadas a la Comunidad Valenciana, se hacía un reconocimiento de la disposición del Estatut d’Autonomia que venía a constituir un precedente. Era más importante eso que la cantidad. La derecha valenciana, que también está presente en el Congreso, no ha dado una sola explicación de por qué se ha opuesto.

La infrafinanciación está ligada al problema de la deuda de la Generalitat Valenciana y a su eventual condonación o quita.

Es evidente que la deuda es consecuencia de la infrafinanciación. Con peor financiación, la deuda aumenta. En el debate del modelo de financiación habrá que integrar la cuestión de los déficit. Seguramente habrá que plantearse algunas medidas complementarias. Hubo alguna aproximación a este aspecto en las negociaciones para la investidura fracasada de 2016. Ese tema se abordó. Y después ha habido algún gesto, por ejemplo, con la condonación de la deuda de la Marina de Valencia. Habrá que abordarlo todo, pero el modelo, en todo caso, ha de ser global.

La derecha ha hecho del conflicto en Catalunya un tema central, pero la extrema derecha ha abierto también la puerta del rechazo a la inmigración. ¿Hasta qué punto esa actitud de la derecha condiciona la política del Gobierno, que apoyó la operación para acoger elAquarius en Valencia y ahora no deja que zarpen para rescatar migrantes en el Mediterráneo barcos de ONG como Open Arms?

Ante las posiciones racistas no hacen falta grandes argumentos. El racismo es injustificable, pero es cierto que, cuando se quieren llevar adelante responsablemente políticas bienintencionadas, hay que prever la acción de quienes se oponen a esas políticas de modo que no impidan su desarrollo. Nosotros tenemos que hacer una política migratoria responsable, procurando no dar coartadas a los racistas, a los xenófobos.

Somos un país que está salvando vidas a miles. Lo hacemos con cargo a nuestro presupuesto. Tenemos un servicio de salvamento marítimo que trabaja intensamente en el Estrecho. Es absolutamente injusto que se trate de medir la acción esporádica de salvamento en aguas no territoriales con la responsabilidad que estamos ejerciendo. El problema no es, por tanto, de más o menos Aquarius. La operación del Aquarius fue una llamada de atención a que este es un problema europeo. Y en eso tenemos que insistir, no en que España asuma la responsabilidad de salvamento en todo el Mediterráneo, que no le corresponde según la normativa internacional, sino en que los demás cumplan como está cumpliendo España. ¿Qué ocurre? Que actuaciones más o menos unilaterales en materia de inmigración ponen en cuestión este llamamiento que hacemos a Europa, porque si al final unos cierran los puertos y otros los abrimos a todo, estamos poniendo en cuestión la política europea de inmigración.

Nosotros estamos cumpliendo. Es más, se nos ha reprochado incluso que estamos actuando en la zona de responsabilidad marroquí. Afortunadamente, con el diálogo y la cooperación con Marruecos estamos consiguiendo que ese país también intervenga en su área de responsabilidad. De tal manera que lo hemos notado muchísimo. Si cada país asume su responsabilidad, podremos salvar más vidas.

La unidad de España es otro de los grandes argumentos de la derecha. Les acusan de aliarse con los que quieren romperla o de querer romperla directamente.

Me hace gracia que con la bandera de la unidad no tengan más propósito que dividir. No hay unidad que se consiga dividiendo. Es una contradicción.

Las encuestas apuntan a un notable corrimiento de fuerzas en el seno del independentismo catalán, un cambio de hegemonía. ¿Qué trascendencia puede tener?

Las expectativas del Partit dels Socialistes de Catalunya, que vuelve a adquirir una dimensión importante, vienen a ser un aval a la política de diálogo, de restablecimiento de la convivencia y de respeto a la legalidad. Hay un reconocimiento hacia esa posición. Por contra, hay una penalización a las expectativas de Puigdemont, que es el que realmente baja. Las encuestas indican que hay un mayor deseo de restablecer un diálogo en torno a interlocutores con fortaleza, que además quieren interlocutar. El apoyo a Esquerra Republicana lo interpreto como una forma de favorecer un cierta interlocución, porque hasta ahora el independentismo ha tenido un problema de interlocución. No ha habido un líder con capacidad de interlocutar ni una formación política con capacidad para hacerlo.

Cada vez que se ha hablado de diálogo, en el seno del PSOE ha surgido contestación por parte de algunos dirigentes territoriales. No desde la Comunidad Valenciana y Baleares, que se han mantenido al lado del Gobierno. ¿Serán capaces de superar ese problema?

No es un tema fácil. Y los temas difíciles son controvertidos, pero es así como también se advierten la capacidad, la visión y el liderazgo, en los temas serios. El desafío independentista en Cataluña no es un tema menor. Es un tema grave que afecta mucho a la gobernabilidad de España. Lo estamos viendo. Debe resolverse con altura y con el mismo enfoque con el que abordamos esta cuestión en el periodo constituyente. Cuando se abordó la tarea constituyente, el problema territorial fue el más enconado. Sabíamos perfectamente que establecer la democracia suponía integrar el hecho territorial. ¿Podemos hablar de democracia hoy, cuarenta años después, sin incorporar el hecho territorial?

Hay en la Constitución todo un título octavo que definió un modelo singular en el mundo al que llamamos Estado de las Autonomías, por llamarle de alguna forma y salir del debate entre Estado federal y Estado unitario. Hicimos un modelo abierto en origen y en final que ha ido evolucionado. Cuarenta años después era necesario definir ese modelo en base a la experiencia. Por eso planteamos la comisión de evaluación del Estado autonómico, que boicotearon las derechas y boicotearon los independentistas. Pero tenemos que definir ese modelo, como el resto de estados en el mundo. Y sobre todo tenemos que plantear cuáles son los mecanismos de coordinación, de cooperación y de lealtad entre las distintas administraciones. Unos mecanismos que no solo no se cumplen con los independentistas. También hay comunidades autónomas que desafían al Gobierno de España y, sin embargo, van de españolistas. No son actitudes fundamentadas en la lealtad.

Hablando de lealtad… ¿Podemos decir que aquella situación que se planteó en el PSOE en el momento más dramático, en la que el presidente valenciano Ximo Puig estaba en un bando y Pedro Sánchez en otro, se ha superado? ¿Hay sintonía total entre Ximo Puig y Pedro Sánchez?

Mi experiencia personal me permite decir que la relación es excepcional. No hay problema alguno. Ahora mismo acabamos de pasar un proceso de candidaturas en los que siempre se producen dificultades y puedo dar fe de que no las ha habido. Hacía mucho tiempo que no se hablaba con tanta normalidad de las listas del PSPV. Es un hecho que no hemos celebrado convenientemente. Creo que hemos madurado todos políticamente. Espero que esa maduración sea definitiva. Por lo demás, la nuestra es una organización democrática. La elección de quienes nos representan lleva incorporada la exigencia del entendimiento entre todos los llamados a representar.

¿El adelanto electoral de las autonómicas valencianas para hacerlas coincidir con las generales ha sido una decisión de Ximo Puig o ha venido propiciada desde la dirección del PSOE?

Ha sido un planteamiento del presidente valenciano que compartió con la dirección del partido, que me parece que es lo correcto. No vimos elemento alguno que interfiriera o perturbara la convocatoria electoral. Por tanto, dijimos que lo que él decidiera, ya que tiene una atribución estatutaria como presidente de todos los valencianos, no como dirigente socialista.

https://www.eldiario.es/cv/entrevista-Jose_Luis_Abalos-PSOE_0_887861323.html

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