La ornitología está de moda

Llevaban tiempo desaparecidos. Raramente salían a las calles a demostrar su pasión. Algún 12 de octubre se les podía ver en Barcelona o Madrid durante un breve periodo de tiempo aunque siempre en pequeños grupos, lo que lo convertía en una aparición casi anecdótica. Sin embargo, des de diciembre de 2018 parece ser que no existe otra cosa.

La ornitología está por doquier. De repente, bandadas de aficionados a esa actividad ocupan las calles y se encargan de que sepamos que están allí. Arman jolgorio cantando mientras miran hacia el este de día y hacia el oeste al atardecer, siempre llenos de júbilo. Y la pregunta es: ¿ha venido para quedarse o es una moda pasajera?

Algunos dicen que ya se les pasará, que es solo un intento de llamar la atención. En cambio, a mí me parece que la ornitología es contagiosa. Cuanto más se habla de ella más parece gustarle a la gente, como si de una especie de mimetismo se tratara. La realidad es que la clase de personas, por decirles de alguna manera, que se dedican esta profesión parece cumplir siempre un mismo patrón: derechista ultraliberal, católico y piensa que España antes rota que roja al mismo tiempo que asegura que España es una y no cincuenta y una. Serán las contradicciones propias de esos seres cuando piensan demasiado y sobrecargan su neurona hasta tal punto que se colapsa, digo yo.

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Puede ser que la ornitología sea también una forma de protesta debido a que anteriormente solamente se visibilizaban actividades como la acampada en plaza, que tocó techo el 15-M y, a medida que se fue deshinchando fueron aparecieron los observadores de aves. Y la verdad es que es, como poco, desconcertante ver hoy en día grupos de miles de personas señalando brazo en alto a sus compañeros todas las aves que les sobrevuelan. Sea como sea, es innegable que cada vez son más los que se dejan ver públicamente y ningunearles no es una opción, porque están ahí. Y ahora viene lo bueno: siempre habían estado. Tal vez nadie les había visto o, lo que es aún peor, nadie les había querido ver.

 Algún día esa gente se va a cansar de señalar aves y entonces, como nos advirtió Blas de Otero ya en 1955, “Vendrán por ti, por mí, por todos, y también por ti. Aquí no se salva ni Dios”.

German Gonzàlez Flores

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