“Me niego a hablar con Dios en catalán”

ultranacionalismo español

Felisa Antón muestra una de las cartas de denuncia dirigidas al Delegado de la Santa Sede en España y al Obispado de Mallorca para pedir las misas en castellano. ALBERTO VERA

Felisa Antón lleva un tiempo sin pisar la parroquia de su barrio. Esta vecina del extrarradio de Palma, católica practicante, se ha puesto en pie de guerra contra la Diócesis de Mallorca por «catalanizar las misas» e “imponer” la lengua autóctona a los feligreses.

Cuenta que el cura siempre canta las canciones en catalán, al igual que la comunión y prácticamente todo el oficio, pese a que la mayoría de asistentes son castellanohablantes.

Felisa vive a las afueras de Palma, donde la población es mayoritariamente inmigrante, peninsulares residentes en la Isla que hablan español y desean seguir la misa en su lengua materna. Pese a las quejas, el párroco hace caso omiso y se opone a dar la misa en la lengua oficial del Estado.

«Se niega porque hay unas normas del Sínodo de 1999 que ordenan implantar el catalán en la parroquia. Y, desde entonces, llevamos 18 años con presiones para que hablemos con Dios en catalán”, explica Antón, que lleva multitud de reclamaciones acumuladas a la Diócesis de Mallorca sin que ni siquiera le hayan contestado.

Felisa ha sido catequista durante 40 años y siempre ha defendido ante la Iglesia que las parroquias deberían ofrecer misas en catalán y castellano a diferentes horas para cubrir la demanda de todos los feligreses. Algunas, las céntricas o las que están ubicadas en zonas turísticas, han tomado nota y dan misa en ambas lenguas, incluso en inglés, alemán y francés. Pero las parroquias más modestas, la suya por ejemplo, mantienen una única misa al día. Siempre en catalán.

«No hay octavillas en castellano para seguir la celebración; nos ponen todas las barreras porque dicen que en la periferia es donde más arraigado hay que hacer el cambio», relata esta mujer, que acusa al clero de fomentar el catalán frente al mallorquín, menorquín e ibicenco, ya que se refiere a la lengua autóctona de las Islas como el «catalán de Mallorca».

La mujer confiesa que abandonó su labor como catequista harta de advertirle a los sacerdotes que «su misión no es imponer sino ayudar a los feligreses». No quiere formar parte de una institución que, en su opinión, «utiliza la parroquia para cambiar las creencias y las costumbres lingüísticas con normas excluyentes y represivas, y que roba la libertad de culto a una parte de sus fieles».

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«Hay curas que actúan como políticos. A algunos se les ve el plumero… El Día de la Hispanidad la misa fue ordinaria; no lo consideraron un día de fiesta». El colmo de todo, cuenta, es que el pasado mes de mayo compartió una celebración eucarística con un grupo de cristianos venidos de Galicia, Zaragoza, Canarias, y otras regiones de España en otra iglesia, ubicada en una zona turística de Mallorca.

«Cuando habíamos perdido la esperanza de oír y vivir la misa en la lengua común que entendemos todos, el cura consideró que ya estaba bien y cambió al castellano. Cuál fue la sorpresa cuando se dirigió a los presentes y nos recordó sin ningún pudor la importancia de marcar la cruz en la casilla de la Iglesia en nuestra declaración de la Renta».

Esta feligresa no quiere revelar el nombre de su parroquia porque dice que no es un problema puntual sino una norma impuesta desde la Diócesis. Sin embargo, desde el servicio de comunicación del Obispado aseguran que cada parroquia y cada cura tiene libertad para dar la misa en la lengua que desee. No hay ninguna directriz. Desde la Diócesis se niegan a dar información sobre el número de parroquias que ofrecen los oficios en castellano. «Es imposible saberlo. Llama tú y pregunta una por una», responden a la petición de este diario, con nula voluntad de aclarar la duda.

Mientras tanto, el cura de su parroquia sigue dando la misa en catalán, ajeno a todo, lamenta Felisa. «Hace unas semanas se quedó solo cantando porque nadie le seguía, entonces paró en seco y dijo: Al final pondré música grabada y se acabaron las tonterías».

 

Estampida en algunas parroquias

Denunciamos. Felisa Antón ha escrito numerosas misivas al Obispado pero, asegura, no ha recibido contestación. En ellas denuncia «la instrumentalización política de la Iglesia por imponer sí o sí el catalán en las misas y la vida religiosa y complicar la vida religiosa a los castellanohablantes». Asegura que esto ha provocado una estampida de feligreses y un empobrecimiento de las parroquias.

Pedimos. La ex catequista reclam que se fomenten las misas en mallorquín y no se «catalanicen» y, además, se ofrezcan en castellano, como hacen las iglesias en las zonas turísticas.

MAYTE AMORÓS

http://www.elmundo.es/baleares/2018/09/30/5bafae3b46163f3a158b4676.html

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