Penetrar a una menor de 16 años en estado de shock tampoco es violación

Tres magistradas de la Audiencia de Barcelona han condenado a seis años y medio de cárcel a un hombre que penetró a una sobrina menor de edad porque, a diferencia del fiscal, que pedía 14 años de cárcel por agresión sexual, cree que el acusado no utilizó la fuerza porque la menor no opuso resistencia al quedar en estado de shock.

En la sentencia, del pasado mes de febrero y que hoy ha publicado el diario El Món, la sección segunda de la Audiencia condena al acusado a seis años y medio de cárcel y a indemnizar con 20.000 euros a la menor, que cuando ocurrieron los hechos tenía 16 años.

Según el fallo del tribunal, firmado por tres magistradas, la chica quedó «sorprendida y en estado de shock» cuando el 31 de julio de 2011, a mediodía, el hermano de su padre la abordó en el lavabo de su casa y luego la llevó a su habitación, donde la penetró, sin que «ofreciera resistencia». «No ha resultado acreditado que el procesado, para llevar a cabo dichos actos, hiciera uso de la fuerza física o amenazas a la menor», concluye el tribunal en su sentencia, por lo que rebaja la petición de la Fiscalía, que reclamaba 14 años de prisión por un delito de agresión sexual, hasta los 6 años y medio, por abuso sexual.

Las magistradas han agregado: «Existe pues a nuestro entender un consentimiento o por lo menos una no oposición activa» por parte de la víctima». Además, agregan que no cabe hablar de que el condenado se hubiera prevalido de una situación de superioridad física al no llevar a cabo ningún acto de fuerza para lograr su propósito.

El abuso tuvo lugar en julio de 2011 en Sant Pere de Ribes (Barcelona). Según la sentencia, «la penetró vaginalmente sin que, sorprendida y en estado de shock, ofreciera resistencia».

Además, desde hacía tiempo el condenado, valiéndose de su ascendencia sobre la menor, «había estado efectuando tocamientos en las partes íntimas» de la víctima, sin que ella hubiera dicho nada a nadie por temor a romper la armonía familiar.

A consecuencia de estos episodios, la sentencia considera probado que la víctima presentó «síntoma de estrés postraumático, ansiedad y fobias que requirieron tratamiento psicológico no pudiendo reanudar su vida normal hasta bastante tiempo después».

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