Puigdemont y Torra diseñan un otoño sin tregua para Pedro Sánchez

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“El periodo de gracia se acaba”. Con este aviso, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, y el presidente en exilio, Carles Puigdemont, han querido dejar claro al gobierno de Pedro Sánchez que su voluntad de diálogo sin que se produzca la libertad de los presos y adelantos en el derecho a la autodeterminación tiene una fecha de caducidad.

En concreto, en otoño, cuando prevén que con la Diada, la conmemoración del 1-O, el juicio a los dirigentes procesados por rebelión y el impulso de la Crida Nacional per la Repùblica a como partido, hagan entrar en ebullición la sociedad catalana. Entienden que este será el termómetro del nivel de fortaleza del independentismo, la germinación de un nuevo “*momentum” que empuje el presidente español a pasar “de los gestos a los hechos”.

El regreso de Puigdemont a Bruselas cuatro meses después de su detención en Alemania y el reencuentro con Toni Comín, Clara Ponsatí, Meritxell Serret y Lluís Puig en la llamada Casa de la República en Waterloo ha sido un capítulo de celebración del independentismo después de que el Supremo haya retirado las órdenes de detención internacionales.

El líder de JxCat ha recibido el apoyo de los que fueron sus compañeros a la Generalitat, de buena parte del grupo parlamentario y de representantes de las entidades independentistas y de familiares de los presos y exiliados. El mensaje ha sido unánime: nadie da como posible dar ningún paso atrás en el legado que supone el 1-O y ante la represión que el Estado ha dado como respuesta.

El acto, donde Torra ha exhibido apoyo incondicional al presidente al exilio, marca el inicio de una nueva fase del espacio independentista que apuesta por la confrontación con el Estado para seguir avanzando hacia la República. En paralelo a la reanudación del diálogo entre la Moncloa y la Generalitat, que vivirá el próximo episodio en la reunión de la comisión bilateral el próximo miércoles en Barcelona, Torra ha advertido que el referéndum es el gran tema de la legislatura.

A la expectativa de cuál es “la receta” de Sánchez

La liberación de los presos sigue siendo una urgencia para el Gobierno, pero Torra ha querido dejar claro que la batalla contra la represión no los desviará de la reivindicación del derecho a la autodeterminación.

La ecuación, ha insistido el presidente de la Generalitat, es clara: si realmente Sánchez quiere contribuir a encontrar un desatascador político en el conflicto con Cataluña, inevitablemente esto pasa para votar. De entrada, han insistido, el presidente español ha de explicar cuál es su “receta” para resolver el conflicto. Para el gobierno del PSOE, el referéndum sigue siendo una discrepancia insalvable.

Negociar sobre inversiones, infraestructuras, competencias, financiación y un nuevo Estatut son los márgenes en los cuales tiene previsto moverse el PSOE. “Sólo hay diálogo dentro de la legalidad”, ha insistido el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, que ha sidopor ahora la única respuesta desde la Moncloa.

Que el derecho a la autodeterminación no está contemplado a la Constitución es la línea discursiva de la cual el gobierno del PSOE no piensa moverse. El objetivo de Torra y Puigdemont es, precisamente, dinamitar este esquema consiguiendo un nuevo momentum, la llamada “ventana de oportunidad” que beba del 1-O y del 3-O.

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Puigdemont se siendo fuerte tanto desde el punto de vista político c por su situación judicial. De hecho, el regreso a Bruselas después de que el juez Pablo Llarena haya desistido de perseguir a los exiliados lo considera una “derrota” del estado español. En palabras de Torra, ha quedado a cuerpo descubierto la “farsa” de la causa que está en manos del Supremo.

El reencuentro del presidente en el exilio con parte de quienes fueron sus consejeros se produce, precisamente, una semana después de un complejo congreso del PDECat en qué Puigdemont ha conseguido salir victorioso desde el punto de vista organizativo y estratégico.

Someter el gobierno del PSOE a una olla a presión

Tal y como Puigdemont quería, el partido se supeditará a la Crida Nacional per la República, la plataforma de carácter “transversal” que impulsa de la mano de Jordi Sànchez para aglutinar diferentes sensibilidades del independentismo. Su plan es que este otoño celebre una asamblea constituyente y empiece a andar como partido.

Una vez ERC y la CUP han declinado formar parte porque lo consideran una reordenación del espacio independentista de centro-derecha, Puigdemont confía en su liderazgo para muscular la plataforma a partir de la movilización de la Diaday de la conmemoración del primer aniversario del 1 de octubre.

Además de la movilización social, pondrá en marcha el Consell de la República, el órgano previsto en el pacto de Gobierno con ERC para avanzar desde el exterior en la implementación del mandato del 1-O.

Puigdemont también está dispuesto a “viajar por todo el continente” europeo para explicar la causa catalana y reivindicar la libertad de los presos y exiliados y el derecho a la autodeterminación. Una acción exterior que, combinada con la acción en la calle, quiere que sitúe el gobierno español en una olla a presión.

 

De hecho, a partir del otoño, Puigdemont encarecerá también todo apoyo a Sánchez en el Congreso, una advertencia que ya ha lanzado la nueva dirección del PDECat presidida por David Bonvehí. “No se pueden querer los votos para convertirse en presidente y después no actuar en consecuencia”, ha dicho Puigdemont.

Era la manera de transmitir que no dará cheques en blanco en nombre del diálogo. Él no fue precisamente favorable a apoyar a la moción de censura que hizo Sánchez presidente -un voto afirmativo que sí defendió Marta Pascal y que aumentó todavía más las diferencias con el líder de JxCat.

El apuntalamiento del liderazgo de Puigdemont se ha exhibido en la celebración de su regreso a Waterloo, donde las entidades, representantes de la sociedad civil, familiares de los presos y exiliados y el rapero Valtonyc, exiliado también en Bélgica, han aplaudido que retome la acción política con el mandato del 1-O por bandera.

“Venimos de lejos y queremos ir muy lejos. No sé cuando de tiempo nos tomará”, ha dicho Puigdemont desde el balcó de la Casa de la República, desde dónde ha pedido retomar “el hilo rojo” del 1-O para lograr la libertad. Todo ello con Torra a su lado, que mantiene viva la llama de investir a un Puigdemont que tiene en bolsillo el reloj de la legislatura.

Sara González

https://www.naciodigital.cat/noticia/160220/puigdemont/torra/dissenyen/tardor/sense/treva/sanchez

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