Torra: “Yo deseo para el pueblo español, para el gallego, para el vasco, para los pueblos hermanos de Valencia y les Illes la máxima libertad”

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Quim Torra (Blanes, 1962) lleva 19 días como president. No es un político profesional y todavía se está adaptando al cargo. Este abogado,editor y escritor se ha convertido en la primera autoridad de Catalunya aunque sueña con el día en que su antecesor pueda regresar al Palau de la Generalitat.

Torra no aspiraba a ser el relevo de Carles Puigdemont e insiste en que no tiene intención de repetir. Eso puede

ayudarle a facilitar la convivencia entre Junts per Catalunya y ERC en un Govern donde a veces parece que es más lo que les separa que lo que les une. El nuevo presidente de la Generalitat reitera que algunos de sus artículos han sido sacados de contexto y en esta entrevista expresa la inquietud que el Gabinete que ha diseñado Pedro Sánchez provoca en el independentismo. El president aboga por un diálogo sin condiciones pero tras escucharle queda claro que no será fácil.

En estos momentos, ¿cuántos presidentes de la Generalitat tiene Catalunya? 

Está el president de la Generalitat de Catalunya, que soy yo, pero hay, ciertamente, un president al que nosotros reconocemos toda la legitimidad, que es el president Puigdemont. President que fue, de alguna forma, expulsado de su presidencia por lo que nosotros siempre hemos entendido como un golpe de Estado del 155, pero que mantiene sus derechos políticos, mantiene esa legitimidad y su restitución es parte esencial de nuestro programa. Lo he repetido siempre y lo hago de nuevo: el día más feliz de mi presidencia será el día en que Carles Puigdemont vuelva a ser president de la Generalitat de Catalunya.

¿Habla cada día con él? 

Hablamos muy frecuentemente, algunos días por mensajes y otros por videoconferencia.

La gente en la calle se pregunta quién manda, si el president Torra o el president Puigdemont. 

Manda el president Torra con su Gobierno, que es un Gobierno de coalición entre Junts per Catalunya y ERC. Pero entiendo que lógicamente también los compañeros de Esquerra deben compartir con su líder y presidente, Oriol Junqueras, muchas de las estrategias que quieren llevar a cabo. Sería absurdo que con el líder del movimiento independentista, que es Carles Puigdemont, no pudiéramos compartir muchas de las decisiones que tomamos. Además es el líder de nuestro grupo parlamentario y de nuestra lista electoral.

Cita a Puigdemont y Junqueras, dos líderes que ni se hablan. No parece un buen presagio para este Govern. 

En cualquier caso yo tengo la suerte en este nuevo Govern de tener con prácticamente todos los consellers una relación de amistad que viene de largo. Nos hemos encontrado en asociaciones civiles, con Josep Bargalló llegué a publicar un libro… Espero que esta relación de amistad fraternal nos ayude a que problemas que pudo haber en el pasado no se produzcan ahora. En todo caso, nuestra voluntad es trabajar muy estrechamente. Lo que es excepcional es la situación política. Entendemos que es provisional, en el sentido de anormal, porque no es normal que haya presos políticos, ni exiliados políticos. No es normal que un cantante tenga que exiliarse de España para defender la libertad de expresión. Necesitamos un Govern fuerte por los retos que nos vienen por delante.

Usted que los conoce a ambos, a Puigdemont y a Junqueras, ¿qué falló entre ellos para acabar con una relación tan mala? 

Bueno, también es un mito, lo de la relación tan mala.

Pero no han hablado en todo este tiempo. 

También hay que tener en cuenta la dificultad. Uno está en la cárcel, el otro en el exilio… A nosotros a veces nos cuesta hablar con el president Puigdemont. A veces son las conexiones y el president Puigdemont también ha estado sus días en la cárcel. Han sido unos meses de vértigo, que yo he tenido la suerte de vivir de cerca, en los que parecía mentira que nos pasaran las cosas que nos pasaban. Había un cortísimo plazo que muchas veces te impedía ver de aquí a un mes en qué situación podías estar.

También hay que entender que en el proceso de autodeterminación de Catalunya ha existido esa lucha por el ideal, por la independencia. Es un movimiento muy transversal y de abajo arriba, pero también es una confrontación política y, por tanto, los partidos políticos independentistas, todos ellos, quieren también su parte del pastel. Esto pasa en Catalunya, en España y en todo el mundo.

La política es una lucha para conseguir el poder y hay que verlo en esos términos,  maquiavelísticamente entendidos, pero hay que afrontarlo con una cierta realidad. Esa hegemonía por el poder y esa lucha por los ideales, que prima, han estado siempre en el ‘procés’.

¿Hace usted de mediador entre los dos?

Yo hablo con los dos, y con la CUP y con los comuns, y espero que podamos empezar a hablar con el PSC. Yo no milito en ningún partido político y tengo quizás esa oportunidad de tener una relación más fácil. No voy a presentarme a ningunas elecciones, y, por tanto, voy a jugar un papel institucional. Y pienso jugarlo muy a fondo.

Una de las promesas de su Govern es impulsar la República catalana. ¿Prometen algo que saben que no pueden cumplir? 

Como decía un anuncio que se hizo aquí muy famoso, ‘¿qué tenemos?”. Tenemos un referéndum de autodeterminación del primero de octubre, en el que hay dos millones largos que votan que sí y 200.000 catalanes que votan que no. En esos 200.000 catalanes que votan que no hay parte de la solución. Son catalanes comprometidos con el derecho de autodeterminación. Ahí hay un camino para explorar si esos 200.000 catalanes llegan a ser 500.000 catalanes que ven en la solución democrática y en el voto la solución al pleito de Catalunya.

¿Y qué más tenemos? Tenemos la declaración de independencia del 27 de octubre. Y usted me dirá que estamos viviendo bajo las leyes españolas y en el Reino de España, en el que Catalunya no deja de ser una comunidad autónoma más. Cierto. Pero veamos qué ha pasado en muchos países con sus declaraciones políticas de independencia, con unos inicios difíciles, quizás incomprensibles, con presos, con exiliados. Nosotros estamos en una transición hacia la independencia, con ese punto de partida, y nuestro objetivo sigue siendo llegar a la independencia, hacerla efectiva.

Usted dice que hay 2 millones del sí, 200.000 del no, pero no deja de ser una participación de poco más del 40%. En todas las citas electorales, incluyendo el 1 de octubre, el independentismo ha sido muy fuerte, pero no ha conseguido pasar del 50%. ¿Con menos del 50% de apoyo de la sociedad catalana se puede declarar la independencia? 

Nosotros entendemos que debe haber una fase de restitución lógica después de la aplicación del 155, a la Constitución, es decir al proyecto de Constitución catalana. Ahí va a haber otro referéndum.

Eso es en una República ya creada. ¿Pero hay que tener antes una mayoría social y después poner en marcha la República, no? 

Yo estoy de acuerdo con usted en que en algún momento de este proceso necesitamos pasar del 50%. Vamos a tener esa oportunidad también, espero, cuando podamos votar el proyecto de Constitución catalana.

 

¿Y se puede someter a votación el proyecto de Constitución catalana en estas circunstancias, sin tener la fuerza suficiente para ponerla en marcha? 

El independentismo ahora entra en la fase de replanteamiento de la estrategia, en el que hemos visto que hay varias fuerzas con diferentes ritmos. No digo que no todos aspiremos al mismo objetivo final de la República catalana, pero ciertamente la CUP opta por una opción de desobediencia inmediata. Otros hemos planteado una estrategia de oportunidades, de buscar momentos, de crear nuevos momentos. Planteamos una legislatura ambiciosa de cuatro años con esos objetivos.

Vivimos cada día lo que vivimos, creo que nadie hace 10 días podría imaginarse que en el Gobierno de España habría hoy un presidente socialista. Insisto en la excepcionalidad de la situación, con presos políticos y exiliados, con una justicia que es sobre todo la cúpula judicial española, que más que justicia, busca escarmiento. Ante esta enorme complejidad hay que saber encontrar su tempo y su momento.

Pero, ¿cuándo sería esa votación de la Constitución catalana? 

Pues cuando hubiéramos elaborado ese proyecto de Constitución. Nosotros queremos hacer un proyecto constituyente, es uno de los puntos que avancé en la legislatura y que además nos acerca mucho a nuestros compañeros de la CUP. La independencia es un proyecto de 70 diputados, y por lo tanto o vamos todos o va a ser muy difícil conseguirlo.

Nosotros vamos a insistir en dos puntos. Uno: derechos sociales y libertades civiles y públicas, como motor de cambio republicano. Eso puede traducirse en el famoso ensanchamiento de la base social del independentismo. Y dos: un gran debate nacional. Que ya lo hizo Catalunya en el pasado: hace 40 años celebramos un congreso de cultura catalana que, con vocación de Països Catalans, se llevó a cabo en todo el país, y todavía hoy seguimos viviendo de muchos de esos puntos. Esos grandes debates que parten de la sociedad civil y que luego se tienen que organizar los podemos iniciar inmediatamente. Nos puede llevar a más o menos tiempo, vamos a ver cómo somos capaces de hacerlo todos juntos organizadamente para llegar a este punto.

En alguna ocasión ha afirmado que el independentismo se equivocó y que debería haber declarado y protegido la República. ¿Cómo? Porque Puigdemont asegura que no lo hizo para evitar un baño de sangre. 

Yo escribí un libro, ‘Los últimos 100 metros’, que creo que sigue vigente aunque ahora los metros se hayan desplazado un poco. El Parlament de Catalunya jamás ha tomado decisiones unilaterales. Se hicieron votaciones democráticas, siempre. Se apeló a un mandato republicano del pueblo y convocar un referéndum no es delito. Ya sé que fueron muy criticadas las leyes de transitoriedad y de referéndum, pero ambas leyes fueron aprobadas por un parlamento democrático. Después, el Tribunal Constitucional dijo que no podían aprobarse así, que atentaban contra la Constitución. Pero que si tú asumes que la soberanía popular reside en el Parlament, se podían hacer de esta forma.

El president Puigdemont fue el primero en admitir que el momento no era el 27 de octubre sino probablemente una fecha más cercana al 1 de octubre. Yo estaba en el paseo Lluís Companys esperando a que se produjera esa declaración de independencia que duró 8 segundos. Éramos miles de personas las que estábamos esperando esa declaración, y estábamos dispuestos a hacer lo que fuera necesario para defender esa proclamación de la República.

¿Ese “lo que fuera necesario” incluye el riesgo a ese baño de sangre? 

Lo que fuera necesario incluye lo que hicimos el 1 de octubre. El 1 de octubre es un día muy importante para este país. Es un momento en el que cristalizan muchas cosas, muchas emociones. Nos costó mucho llegar a él, muchos años, y es un momento de una gran fraternidad, con tu familia, con tus vecinos, con tus amigos. No sabíamos qué iba a pasar. A primera hora llegaron unas imágenes que ponían los pelos de punta. Y todos seguimos en los colegios, es decir, nadie tomó una decisión por nosotros.




Yo insisto siempre cuando me dirijo a mis compatriotas: defended vuestra libertad apasionadamente y radicalmente. Ha habido un exceso de paternalismo en la política y en la política catalana al decirle a la gente que tenían que hacer. Un pueblo que ha vivido lo que hemos vivido en los últimos meses es un pueblo adulto, maduro, que puede tomar sus decisiones por sí mismo.

¿Pero se refiere entonces a que se debía haber defendido la república con resistencia pacífica, mandando los Mossos a la frontera…? ¿Cuál era el método por el que se debía haber hecho? 

Ese es un punto esencial en el independentismo catalán, que es pacífico y democrático. Pero ciertamente la desobediencia civil forma parte de los procesos de independencia de muchos pueblos. ¿Qué nos gustaría a nosotros? Lo que acostumbra a suceder en el final del siglo XX y el principio del XXI en los países de profunda tradición democrática en que estos temas se resuelven con un debate político y democráticamente, es decir, Canadá y Escocia. Tenemos la sensación de que los catalanes se merecerían un trato similar al que recibieron los escoceses por parte del pueblo británico. Poder decidir tranquilamente en las urnas si ‘sí’ o si ‘no’. En ambos casos ganó el ‘no’.

Por tanto, ¿tan difícil sería ese referéndum democrático? ¿Este país no se merece un debate a fondo sobre por qué nos conviene ser independientes o por qué nos conviene seguir en España? ¿Es posible resistir con un déficit estructural del 8%, es decir 16.000 millones que no llegan a Catalunya para poder tener el país mejor que queremos? ¿Tendríamos mejores servicios públicos y una enseñanza mejor para nuestros hijos, o no, o es mejor la situación actual? ¿Podríamos aspirar a tener el corredor del Mediterráneo si podemos decidir sobre ello, o tenemos que esperar a que el Gobierno de Madrid decida si el corredor pasa por Madrid, luego por Burgos y alguna vez llega hasta Barcelona?

¿Qué le va a pedir al nuevo Gobierno de Pedro Sánchez? 

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El lunes salía de Estremera de ver a los compañeros que están en prisión, a los consellers y al vicepresident Junqueras, y aproveché para tratarlo con ellos. Iniciamos un debate, en uno de esos momentos que te impactan porque de repente tienes a medio Gobierno de la Generalitat delante en una prisión. Y lo que nos preguntamos es qué Pedro Sánchez nos vamos a encontrar aquí. ¿El que vota el 155 o el que planteó hace unas semanas modificar el delito de rebelión? ¿O es como Felipe González, que dijo que no veía delito de rebelión por ningún sitio? ¿Es el PSOE de antes del 74, que estaba con el derecho de autodeterminación, es el PSOE de la LOAPA o es el que votó el 155? Hago un paréntesis para agradecer la ausencia del president Montilla en la votación del Senado, es un gesto muy elegante y que le honra como president de la Generalitat.

Las informaciones sobre  los nombramientos nos empiezan a inquietar. Yo diría que más que inquietar. Que el futuro ministro de Exteriores sea el señor  Josep Borrell no es una mala noticia, es una pésima noticia para nosotros. Yo no voy a entrar en el juego de los insultos y las calificaciones porque yo lo he vivido en carne propia y creo que no hace ningún favor a la política. Pero sobre lo que ha dicho Borrell en los últimos meses sobre el proceso de autodeterminación de Catalunya, de su país, de Catalunya, no podemos estar más alejados. Si esos son los primeros gestos de Sánchez… O la señora Carmen Calvo como vicepresidenta, cuando fue una de las personas que en la votación y organización del 155 tuvo una participación intensa. Todo esto empiezan a ser luces de alarma para nosotros. Por eso, y aprovechando esta entrevista, urjo a mantener esta reunión con Sánchez, porque es importante saber con qué Sánchez nos vamos a encontrar.

¿Si llegan a saber esto hubieran apoyado la investidura de Pedro Sánchez? 

El PP fue el partido que nos envió a la policía contra ciudadanos indefensos a reventar puertas, a tirar abuelos por las escaleras, a gente que estaba votando pacíficamente. Y todavía no hemos recibido la petición de perdón de nadie. Para entender la situación actual en Catalunya hay que entender ese punto, ¿cómo puede haber un Estado que envíe a la policía contra sus ciudadanos que están votando en las escuelas, que si hay algo sagrado para nosotros son las escuelas? Eso hizo un clic que se rompe, y que se vuelve a romper con la intervención dos días después del rey, en el que hace un discurso de parte. Yo le pido como presidente de Catalunya que necesitamos sus excusas.

Hay que cicatrizar y coser, pero necesitamos la petición de excusas de los responsables de lo que hicieron entonces. Y ante el descubrimiento de un partido, de una máquina de corrupción como era el PP, valía la pena tomar riesgos. Era el momento de tomar riesgos, y tomamos el riesgo de investir a Pedro Sánchez. Por eso estamos inquietos tras estos primeros gestos.

¿Borrell debe pedir perdón por afirmaciones como la de que hay que “desinfectar las heridas” en la sociedad catalana?

Probablemente todos hemos tenido momentos en los que hemos dicho cosas de las que quizás después nos hemos arrepentido. Pero insisto en que para mí lo importante es la idea que tiene Borrell sobre por qué los catalanes no podemos decidir nuestro futuro. Por qué cuando era presidente del Parlamento Europeo no hizo nada para que la lengua catalana, hablada por 11 millones de personas, pudiese ser una lengua oficial en el Parlamento Europeo. Ahí es donde me gustaría tener un debate con el señor Borrell y ahí es donde lo vamos a tener.




El consejero de Exteriores y el señor Borrell son viejos conocidos, compartieron militancia durante unos cuantos años, y estoy seguro de que si Borrell es el ministro de Exteriores, Ernest Maragall todavía cogerá con más ganas la consejería. Todavía vamos a apoyar más la proyección exterior de Catalunya, las delegaciones que debemos reabrir así como el Diplocat. Vamos a restituir todo aquello que el 155 ha destruido e investigar qué ha pasado estos meses.

¿Ya que no nos ha aclarado qué le pedirán a Sánchez, nos puede decir en qué están ustedes dispuestos a ceder?

En sentarnos con el señor Pedro Sánchez. Sí, ya sé que me dirán que esto no es nada, pero es mucho para nosotros. ¿Catalunya es un sujeto político o no? Ahí está la clave de todo. ¿Somos capaces de discutir de gobierno a gobierno? Catalunya siempre ha pedido ese trato de sujeto político capaz de decidir. El catalanismo político se basa en eso. Mas le planteó a Mariano Rajoy más de 20 peticiones que luego subimos a más de 40 con Puigdemont. Ahí están esas reivindicaciones.

Quiero saber qué piensa de los derechos sociales. De las 26 leyes que aprobamos la legislatura pasada, 16 fueron recurridas. Espero que un gobierno de izquierdas no las recurra. Esas leyes no benefician a los independentistas sino a todo el pueblo de Catalunya, a los siete millones y medio de ciudadanos.

Finalmente quiero saber dónde está el PSOE en el derecho a la autodeterminación. La semana pasada estuve en el Cercle d’Economia, que hizo una propuesta valiente porque es una propuesta. Plantearon una reforma del Estatut con rango constitucional. No es nuestra propuesta porque ya no estamos en el escenario de un Estatut, pero es una propuesta. Hablar no significa solo hablar, significa negociar para llegar a acuerdos. Nosotros vamos sin condiciones a la negociación, pero queremos hablar de todos los temas.

Es fácil intuir lo que le responderá Sánchez sobre el derecho de autodeterminación porque el PSOE y el PSC lo que plantean es recuperar los artículos anulados en el Estatut. ¿Ese podría ser un punto de partida para la negociación? 

No, yo ya no veo el Estatut como punto de partida. Ya no podemos estar en ese estadio si nosotros hemos dicho que partimos de ese referéndum de autodeterminación del 1 de octubre. Estamos en otros escenarios. No sé cuál es su punto de partida. No sé si es la reforma del Estatut. Ellos han planteado una reforma federal. Yo he tenido la suerte de vivir un año y medio en Suiza, donde trabajé y si la propuesta del PSOE es un planteamiento federal, lo que les pido es que se vayan a vivir una semana a Suiza para entender qué significa vivir en un país federal. Cuando hayan vuelto, hablamos de qué significa ser federal.

¿Un sistema federal como el suizo sería suficiente para el independentismo catalán? 

Es un sistema de respeto por las lenguas, a las competencias, en el que cada cantón tiene las competencias fiscales y financieras. Hace 10 años, cuando viví en Suiza, escribí un pequeño dietario y por coincidencias, porque ya estaba previsto con la editorial, saldrá estos días. Una de las reflexiones que hago es que los suizos no quieren ser otra cosa.

Yo deseo para mi pueblo la máxima libertad, la independencia en forma de república, y me gustaría que el pueblo español se encamine hacia su máxima soberanía, que es la república española. Echo de menos a los republicanos españoles y espero que la lucha que estamos manteniendo en Catalunya ayude a que el republicanismo avance en España.

¿Qué piensa de los españoles? 

Durante 18 años trabajé en una compañía con delegaciones en toda España. Visité toda España y tengo amigos en toda España, que me conocen, que me han felicitado. Yo deseo para el pueblo español, para el gallego, para el vasco, para los pueblos hermanos de Valencia y les Illes la máxima libertad y la máxima libertad pasa por la república. Ahí es donde podemos encontrarnos todos.

Usted ha escrito que “el sentimiento de urgencia nacional se ha multiplicado y que se corre el riesgo de que la nación se deshaga como unos azucarillos en un vaso de leche, atenazada entre la avalancha inmigratoria”. ¿Los inmigrantes son una amenaza para Catalunya?

No, no lo son en absoluto. Catalunya es un país de acogida pero necesitamos herramientas para poderlos acoger y cuidar de ellos. Yo me reuní hace unos días con la asamblea de inmigrantes sin papeles y me decían ‘yo quiero ser catalán pero llevo aquí no sé cuántos años y tengo que pasar unas pruebas del Estado español que no puedo pasar. Yo quiero ser catalán y no me dejan serlo’. A esta gente tenemos que ayudarla y queremos que estén aquí con nosotros porque esta gente nos ayuda.

Se sacan estas frases de contexto y no se entiende nada o se transforma a quien las ha escrito en un monstruo, una especie de caníbal. Esto me ha dolido personalmente pero ya voy llevándolo mejor. No sabía que la política era una cacería humana, pero veo que en algunos casos es así. El catalanismo siempre ha sido un movimiento integrador, cohesionador, en el que hemos acogido a todo el mundo. Para proteger la lengua, nuestro modelo escolar, para ser el país que queremos ser, necesitamos herramientas porque muchas no las tenemos.

¿Pero se arrepiente usted de artículos como ese en el que tachaba de carroñeros, víboras e hienas a los que se quejaban de que se hablase en catalán?

Yo he dicho que si alguien se ha podido ofender por alguna de estas expresiones, lo lamento. Lo he lamentado públicamente en muchas ocasiones. Apelo también a un cierto periodismo, mordaz, muy irónico. Según  Ferrater Mora de las formas de vida catalana, la ironía es una de ellas. Algunos de estos comentarios son una ironía mal escrita y lo acepto. Ayer le dimos a Quim Monzó el premio de les Lletres Catalanes en un acto muy irreverente pero genial.

Utilizando su misma expresión, ¿tiene la sensación que se le ha presentado como un monstruo? 

Tengo la sensación de que algunos de los que más están fomentando la fractura social en Catalunya me están presentando como un personaje en el que no me siento reconocido. El insultómetro se ha disparado pero lo que no voy a consentir jamás es el de nazi. Presentaré una querella por injurias contra Alfonso Guerra y le voy a enviar dos libros. Uno que edité yo sobre un maestro anarquista catalán que después de luchar en la resistencia fue a parar a Mauthausen y escribió unos cuentos muy bonitos y el libro de Montserrat Roig ‘Los catalanes en los campos nazis’. A un catalán demócrata, el insulto ‘nazi’ es el peor que se le puede hacer.

 




¿Colgar en el balcón del Palau de la Generalitat una pancarta reivindicando la libertad de los presos no es una manera de patrimonializar la institución para una causa que puede ser legítima pero partidista? 

Para mí el problema habría sido no haber colgado la pancarta. La pancarta expresa la situación de excepcionalidad. Yo me voy a negar siempre a plantear que podamos vivir un día a día en este país sin tener presente esa anormalidad. Me parece una aberración y un punto de inhumanidad lo que está pasando, y yo pedí que esta pancarta estuviese desde el primer momento. Los independentistas no tenemos problemas con las pancartas, los deberían tener los no independentistas. Yo apelo a que se sientan interpelados por la situación de extrema gravedad.

Pero puede haber una parte de la ciudadanía que puede interpretar esta pancarta como una provocación y tal vez no ayuda a superar esa fractura de la que usted hablaba. 

No lo veo como una confrontación. Lo veo como una apelación a todo el pueblo de Catalunya. Tenemos que plantearnos cada día la situación de extrema gravedad en la que viven muchos compañeros. El hijo de Jordi Cuixart ha cumplido recientemente un año y lleva siete meses sin ver a su padre o viéndolo después de hacer 600 kilómetros de ida y 600 de vuelta. ¿Qué hicieron Jordi Cuixart y Jordi Sánchez para estar ahí privados de libertad? Me parece tan grave como el caso de Valtonyc.

No es un tema que afecte a los independentistas sino es un tema de libertad de expresión. Si le pasa a alguien del PSOE, del PP o de Ciudadanos, estaremos a su lado. Yo iría a la prisión si a cualquiera de esos políticos los meten en la cárcel por defender políticamente una idea.

¿Teme acabar en prisión?

No, no temo acabar en prisión. Sé que pueden pasarnos muchas cosas. Abordar el ejercicio de este cargo con temor o con miedo sería hacer un flaco favor a mi país. Por lo tanto, lo hago sin miedo, con los compromisos firmes y con total confianza en el pueblo de Catalunya.

Va a iniciar una ronda de contactos con los diferentes grupos. La primera reunión va a ser con la líder de la oposición, Inés Arrimadas. ¿Qué le va a proponer?

Lo mismo que al señor Sánchez, los tres temas que van a marcar el programa de nuestro gobierno: derechos civiles y libertades públicas, derechos sociales y derecho a la autodeterminación. A lo mejor en alguno de esos tres ámbitos podemos alcanzar algún acuerdo. Y deberíamos hacerlo con un punto de elegancia cordial que se trasladara públicamente. Mantengamos todos los debates que tengamos que mantener, duros si cabe, pero en un nivel que no roce el insulto permanente.

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