Valls a Colau: “Sin mí, usted no sería alcaldesa”

“Sin mí, usted no sería alcaldesa”. La frase cae a plomo en un Salón de Ciento donde la crispación astilla el ambiente institucional. La pronuncia Manuel Valls mirando inquisitòriament Ada Colau con las dos palmas bien abiertos a la altura del pecho. Ella, la encaja frunciendo la frente desbordante incomodidad. Después de días de silencio, el cabecilla municipal de Ciudadanos -al menos de momento- deja claro a la líder de los comunes a quien le debe el cargo. Y el móvil que lo ha hecho posible: “Lo más importante era evitar que Barcelona tuviera un alcalde independentista”. En resumen. El colofón a su discurso advirtiendo al auditorio que en España “no hay presos políticos ni exiliados”.

Quim Horno está a menos de cinco metros. Ha contado uno por uno los votos papel y bolígrafo en mano a medida que los cantaban en voz alta. Saboreando unos minutos de fingida libertad, ha escudriñado cada rincón de la sala desde el primer momento que ha cruzado la puerta del Trentenari antes de volver a enfilar el camino de regreso hacia Soto del Real. Hace esfuerzos por contener la emoción cada vez que buena parte del Salón de Ciento rompe el silencio para reclamar “libertad”. Una vez sube al atril, sin embargo, tiene también un mensaje muy calculado dirigido a la flamante alcaldesa. “Ha cometido un grave error”. “Usted se ha prestado a una operación de lo que llama los poderosos”. “Hoy, la política de bloques está más consolidada”.  

“Ernest? Por supuesto que está bien. Tiene mucha política a sus espaldas, desde las reuniones clandestinas cuando éramos novios”, explica la Pepa de Gispert, esposa de Ernest Maragall

“Ernest? Por supuesto que está bien. Tiene mucha política a sus espaldas, desde las reuniones clandestinas cuando éramos novios”, explica justo antes del pleno Pepa de Gispert, esposa del alcaldable de ERC, que hoy es ya , oficialmente, el jefe de la oposición. “Es donde el señor Valls y Collboni han decidido colocarnos”, dice durante su intervención. A Colau le dice que ya ha tomado nota y que no venga ahora a decirle cómo debe ejercer su rol. “Hoy no nos extiendan la mano”, dice con un enojo que se desvanece cuando habla de Pasqual Maragall, su hermano, a quien define también como “hermano” de Barcelona. Cuando alza la vista, cruza miradas con antiguos compañeros de partido: muchos siguen al PSC; otros, como Jordi Martí, es ahora concejal de los comunes; y también es Celestino Corbacho,  ahora en la cuna de Ciudadanos. 

La cruda realidad del mandato

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Con esta cruda realidad sobre la espalda, y con un Jaume Collboni que agradece la “generosidad” de Valls y que considera “incomprensible” la manifestación que les ha abuchea cuando cruzaban la plaza de Santiago, toma la palabra Colau. El silbido de los manifestantes se cuela por las rendijas de los rosetones y de las puertas del Salón de Ciento. Admite que no es un día feliz. Que no es alcaldesa como le hubiera gustado y que, efectivamente, retén la vara “gracias” a Valls -largamente considerado la voz de los “poderosos” -, que sigue el discurso de la líder de los comunes casi sin parpadear. También cuando dice que no será una alcaldesa ni independentista ni antiindependentista y que propondrá volver a colgar el lazo amarillo en el Ayuntamiento. Porque ella sí quiere la libertad de Quim Horno y de los “

Se lo escucha, impasible, el fiscal superior de Justicia de Cataluña, Francisco Bañeres, poco acostumbrado a relacionarse con políticos en los momentos de distensión de la sesión. Y eso que han sido ampliamente comentadas en corrillos informales las abucheos sufridas por algunos dirigentes socialistas y de los comunes. “Yo he entrado por la puerta lateral para ahorrarse me”, dice uno. “Por la puerta lateral? Sí hombre, yo entro por la principal, que es por donde toca”, dice otra. Si algo ha unido de forma transversal, es la estupefacción por el ” Viva España ” de Josep Bou, que ha ensordecían el auditorio y que casi llega al Palau de la Generalitat.  

Será un mandato duro. El termómetro de Santiago así lo esboza. En 2015 se vistió de ilusión. Este 15 de junio, de indignación

Gritos de “alcaldesa” y gritos que dicen “con Valls no” a la sala. Será un mandato duro. Lo dice Colau y se lee en el rostro, especialmente, de dirigentes de los comunes. Jaume Asens y Gerardo Pisarello, ahora arraigados en el Congreso, comentan la jugada con el alivio de haber hecho las maletas del consistorio. “Hemos sufrido, sí. Ahora apenas empezaremos a remangarse”, dice otro dirigente del espacio. Sí, será más duro que hace cuatro años, insiste Colau, que no sonríe en ningún momento. El termómetro de Santiago así lo esboza. En 2015 se vistió de ilusión. Este 15 de junio, de indignación. 

Colau apela al origen de su proyecto para intentar insuflar moral. Recupera el discurso de lucha contra los oligopolios, de la defensa de las libertades que pretenden “aplastar la disidencia”, de trabajo por la justicia social siendo consciente de las dificultades, del baño de realidad que supone el salto de la calle a las instituciones. “No olvidemos nunca que somos, de dónde venimos y por qué estamos aquí”, dice mirando al frente. Pero Valls, haciendo sonar la llave en el bolsillo de la que ha presumido en su primer discurso, le recuerda con la mirada que el “sí se puede” que abanderan los comunes como grito de batalla, puede hoy sólo porque él lo ha permitido. Y mañana, ya se verá. 

Sara González

https://www.naciodigital.cat/noticia/182194/si/es/pot/amb/valls

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